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jueves, 4 de abril de 2013

IntroSpeccioneS

Hay cosas que hacemos simplemente por placer.
Cada vez que tengo la mente enredada salgo a dar una vuelta caminando o en bici. Cuando voy a pedirle la bici a mi papá me gusta entrar y que todos me saluden. Y ahí mi papá viene y me hace sentir como que soy "su nena" al frente de todos y me dice "bueno Luli, (porque ese es mi apodo desde chiquita) cuidate" y me voy victoriosa. Le bajo un poquito el asiento y me voy andando y haciéndome la que sé con cuál voy mejor empiezo a tocar los cositos de los cambios de la bici. Empiezo a andar mas fuerte cuando llego a la ruta y siempre voy mirando las personas que salen a caminar por la ciclovía. De vez en cuando veo a alguien conocido y lo saludo con la mano... Me encanta saludar a las personas. Casi siempre digo "hola, ¿cómo andas?" y la gente me dice: "bien bien, ¿y vos?" y yo les digo: "todo bien"; y ahí es cuando me malinterpretan y piensan que en vez de una afirmación lo que estoy haciendo es una pregunta, y me vuelven a decir: "bien". Sigo andando y después de varios pasos (o pedaleadas) me doy cuenta de que tengo una sonrisa estúpida en mi cara. La sonrisa estúpida que hago cuando saludo a las personas con las cuales me gustaría seguir charlando, o las que aparecen cada vez que voy caminando sola por la vida y me acuerdo de algo. ¿Qué pensará la gente que me ve? No me importa si dicen que soy ridícula, pero a lo mejor creen que estoy feliz o algo por el estilo y a lo mejor eso les gusta. Porque a mi sí me gusta. Me pone feliz ver y escuchar una conversación de dos nenitos que planean ser astronautas, o cuando dos chicos van de la mano y se miran con amor, o ver en un bar sentados a una familia riéndose. Que se yo. Para mi que la alegría se contagia. Volviendo al tema, doblo después en la ruta que desvía y va a parar a la otra entrada de Oliva de la ruta 9, y siempre pero siempre voy mirando los ¿cuises? o no sé cómo se les dice en plural que se vuelven locos cuando paso cerquita y se meten en sus cuevas. Cerca de la mitad de esa súper vuelta freno. Respiro un poco porque estoy cansada y empiezo a mirar para todos lados. Y ahí aparece mi faceta de cineasta. Imagino las escenas que podría filmar justo en esa partecita donde siempre freno con la bici. Todo alrededor esta como equilibrado... Tiene que ser en un día lindo. Después obvio hay que anexar las otras partes que son filmadas en otros lugares. Pero otros lugares que descubro así, de la misma manera, como que vas caminando normalmente hasta que frenas porque algo te hace frenar. Y miro filosoficamente todo e instantáneamente idealizo al personaje que aparece ahí. Lo único que nunca hice fue armar los diálogos... Como que lo que siempre imagino son escenas en silencio (necesitaría a alguien que le interese armar temas de conversación, gracias!). Hasta que me doy cuenta que estoy parada como una estúpida y esta vez sin sonrisa estúpida pero sí con cara de estúpida con una bicicleta al lado mío. En medio de la nada. Por ahí pasaron varios autos o camiones y yo ni. Y otras veces me pasa que cuando termino de ver una película sigo con las escenas en mi mente, o salgo de mi casa hablando en ingles, o me siento como algún personaje que me haya gustado y siento adentro de mi cuerpo que hay algo que me va a pasar. Ahora es el momento en dónde freno, leo lo que escribo y me doy cuenta de la vergüenza que paso sacando estos temas que me pasan a la luz. Pero interesantemente las ganas de escribir me aparecen como cuando me aparece alguna idea para filmar algo, así de la nada, hasta con cierto grado de impulsividad (no sé si esta palabra existe). Que se me ocurre y me dan ganas de salir corriendo para mi casa para sentarme a escribir. A veces puedo hacerlo, a veces no, y no me queda otra que escribirlo en el celular... Si alguna vez alguien lee mis notas va a pensar que fumo algo.
Me pasa eso de la "impulsividad" con varias cosas. Hay momentos en donde me dan ganas de irme a estudiar biología marina y vivir en el sur y estoy tan convencida que lo siento en todo el cuerpo. Hay momentos en donde me dan ganas de irme a Córdoba para hacer algo. Hay momentos en donde me gustaría estar con alguien. Y después hay momentos en donde todos estos momentos sólo son momentos. Y punto, salgo a andar en bici, veo una película, corro con Malena que llena a todo el mundo de babas, visito a mi tía Andrea, leo un libro. Nada más. Todo se calma. Pero me queda la sensación del impulso que fue fuerte.
En fin, estaba escribiendo la parte XIX (en qué momento se hizo tan largo????) de A love story y me enredé con este textito en la mente. ¿Seran las eternas vacaciones que estoy teniendo? Estoy haciendo catarsis all the time. Mejor me voy, hay gente que me esta exigiendo repuestas y más concentración en una historia que en mi.
Au revoir

jueves, 28 de marzo de 2013

El dilema del "¿cómo andas?"

Pasas andando en bici por la avenida
volves de pelearte con tu novio
en la vereda está la tía de un amigo barriendo
siempre fue muy simpática.
Levantas la cabeza y escondes las lágrimas
ella deja de barrer
"Hola Luisa" le decís
"Hola Male, ¿cómo andas?" te pregunta
"Bien bien, todo bien" respondes.
¿Bien bien, todo bien?
"¿Cómo está Usted?" decís, para no quedar mal
"Bien, acá estamos, limpiando un poco" escuchas
"Y, no nos queda otra, me alegro igual" replicas
¿No nos queda otra?
¿De verdad te alegras? No se te nota.

Esa estúpida voz interior que nos altera la conciencia. ¡¡¡Pero tiene tanta razón!!!

Por lo general no hay saludo que no venga con un "¿cómo andas?" o un "¿todo bien?" anexado. Pero aunque nos estén pasando veintiocho mil cosas por dentro, sonreímos y decimos: "bien, por suerte". ¿Cuántas veces preguntaste y alguien te dijo "mal"? A mi que no me jodan, no me pasó nunca. ¿Será porque andamos muy apurados y sin tiempo para frenar y contarle a esa persona como nos sentimos? ¿O tal vez será el pensar que nadie tiene ganas de escucharnos?
En realidad las causas pueden ser varias... Pero la próxima vez que tengas que responder, pensalo.

sábado, 23 de marzo de 2013

A love story PARTE XVIII

- Anna, ¿ya acomodaste todo?
Pasó a diez mil por hora y, como de costumbre, tiró el adorno de flores que había en el pasillo. Su mamá le gritó pero no escuchó nada. Cerró de un portazo su casa y recorrió la entrada principal, el jardín estaba un poco descuidado... Giró a la derecha y abrió la reja de entrada de la casa de al lado, recorrió los cuatro metros dando grandes zancadas y tocó la puerta con una furia precoz.
Está dormido o finje que duerme... Llega una mosca y se posa en su boca, y sin embargo mi mundo termina en ella...
"Una piba con la remera de Greenpeace" se escuchaba hasta en el otro lado de la cuadra. Anna se dio cuenta de la idiotez que estaba haciendo en el preciso instante en que le abrieron la puerta, así que su cara de perdida no pudo disimularse. Su nueva vecina era un poco mas baja que ella, tenía atado un rodete desprolijo y la rasta colgaba con elegancia sobre su hombro izquierdo. Se paraba de una forma rara, como girando ambos pies hacia adentro, generando una imagen provocadora. A pesar de eso, se le notaba en la cara cierto grado de sorpresa al ver a Anna parada allí afuera. Empezó a hablar:
- ¿Si? ¿Qué necesitas?
Anna reaccionó.
- Te venía a decir así, frente a frente, que tu música me está molestando.
- Ah, pensé que venías a pedirme el amplificador... Digo, para que suene la música, ¿no?
- ¿No te enseñaron buenos modales a vos? ¿Andas por la vida así, sin que te importe nada?
- Ajá. ¿Y?
Okey. Su nueva vecina estaba destruyendo poco a poco toda su paciencia tan característica. La estaba alterando.
- Y nada, ¿podes bajar la música?
Lo cierto es que le estaba ganando por goleada. Anna nunca fue buena para seguir con las peleas del tipo "yo tengo razón por tal y tal cosa", simplemente se limitaba a asentir y decir: "esta bien, como vos quieras. Pero acordate que yo te lo dije alguna vez".
La vecina nueva la miró, tenía una mano apoyada en la puerta y la otra en su cintura. Parecía estar posando para una pintura de algún famoso artista europeo. Sin decir una sola palabra, giró sobre si misma y se metió dentro. Anna empezó a escuchar pasos de alguien que subía las escaleras, luego que el volumen de la música bajaba, luego los pasos de alguien que bajaba las escaleras (ahora con mucha más claridad) y de repente volvió a tener en frente a la imagen de su vecina.
- ¿Conforme?
- Mmm.
- ¿Mmm?
Oh rayos. ¿Qué me esta pasando? Repentinamente aquel odio inminente que sentía se había esfumado. Casi que sentía que quería agradecerle.
- Sí, ahí esta bien. Ahora puedo escuchar mi música tranquila.
- Okey.
Ambas se quedaron paradas sin saber qué hacer a continuación. Anna se dio vuelta y empezó a caminar por la entradita para irse a su casa. Por el rabillo del ojo vio que su vecina seguía parada en la puerta y había adoptado de nuevo la "posición de pintura". Se sentía rara.
Entro a casa, subió las escaleras, abrió la puerta de su habitación y volvió a poner música desde su notebook. Gotye sonaba a la perfección... Apenas se escuchaba la voz del Indio Solari. Se levantó de un golpe y le puso stop a la canción.
¿Que había hecho Anna? Huir. Claro, es fácil. Doy media vuelta y me voy a casa. Me refugio en mi hogar, en mi habitación, tranquila. ¿Tranquila? ¿Tranquila por nunca acabar las cosas que quedan mal, o incompletas? ¿Podía andar por la vida así como así? ¿Cuándo iba a aprender a hacerle frente a sus problemas? "Sí, ahí esta bien. Ahora puedo escuchar mi música tranquila"... Que estúpida. ¿Porqué no le dije algo más?
Se asomó a su ventana. Su vecina no había vuelto a subir a su habitación... ¿Se habrá quedado mal? ¿Porqué no fui con amabilidad? Bueno, es que en realidad ella empezó... ¡Pero podrías habérselo dicho de otra manera, Anna!
Turbulencias en su mente. Estaba a punto de volverse para ir hasta su casa y disculparse cuando la vio entrar. Estaba comiendo un sándwich enorme y cuando iba a tomar algo de su mesita de luz miró por la ventana. Anna no tuvo tiempo de disimular, así que le clavó la mirada sin poder hacer otra cosa. No aguantó y se asomó, haciéndole señas con las manos. Cuando su vecina terminó de tragar, se dirigió con toda la pasta del mundo a la ventana, siguiendo las señas.
- Disculpá -dijo Anna-
- Está bien. Vos a mi por lo de la música y contestarte.
- Ah menos mal... ¡Pensé que a eso tampoco lo sabías!
- ¿Saber qué?
- Saber pedir perdón, digo...
Por primera vez se le escapó una sonrisa. Era tierna, sencilla. Una sonrisa sincera.
- ¿Cómo te llamas?
- Anna... ¿Y vos?
- Clara. Me llamo Clara.

Lucas volvió mas lindo que nunca. O en esos pocos días se había hecho algo, o Anna estaba tan desesperada por su vuelta que lo notó así. O en realidad casi siempre que pasaba mucho tiempo sin verlo sentía que estaba más lindo y ya pasaba a ser parte de su psiquis...
Habían quedado en encontrarse, y cuando lo vio aparecer en la esquina no pudo evitar sonreír. Esa forma de caminar era única en el mundo. Desde donde estaba podía ver su sonrisota y esos dientes tan perfectos. Estando a poquitos metros de Anna, le dijo:
- ¿Qué haces vos acá?
- ¡Nada! Estaba esperando a una amiga. ¡Que coincidencia que justo pasas!
Sonrieron a la vez y se abrazaron. Mientras Lucas la tenía en sus brazos, Anna abrió los ojos y lo vio. Su corazón se detuvo en seco.


TO BE CONTINUED

viernes, 8 de febrero de 2013

A love story PARTE XVII


Anna llegó a su habitación y se tumbó en la cama. Sentía una presión muy fuerte en el pecho. ¿Realmente nos duele el corazón cuando nos sentimos mal? Es increíble como un revuelco en la panza y una punzada de dolor en la zona de los pulmones hace que nos enrosquemos en nuestros propios brazos y tengamos la necesidad de llorar permanentemente, como si el mundo llegase a su fin. Con toda la cabeza metida en la almohada, Anna no podía respirar bien y por momentos se ahogaba, pero no quería que se escucharan sus sollozos para hacer que Martín acudiera a su habitación. No quería que nadie supiese lo que había hecho en realidad, le acababa de romper el corazón con palabras inapropiadas a alguien que nunca la trató mal, que nunca hizo nada malo. Simplemente nunca había sentido con claridad algún tipo de cariño hacia él. Toda esa cantidad de “te quiero” que se decían no significó nunca nada para ella. Necesitaba tanto hablar con su prima Mari... Seguramente ella sabría ver las cosas y lograr que se calme. Hasta le habría dicho que fue lo mejor que podría haber hecho en su vida. ¿Y no era así? ¿No acababa de superar ampliamente su debilidad para decir las cosas de frente? ¿No había hecho lo que sentía su corazón?
Sí. Exactamente eso. Se sentó en la cama, y su reflejo en el espejo mostraba a una adolescente hermosa que le devolvía una sonrisa. Siempre que lloraba se le ponía toda la cara colorada y eso le daba gracia. Además, ya nada tenía más importancia que la sensación de libertad que tenía. Mientras estaba en el baño quitando toda prueba de su llanto sintió su celular, y, para su sorpresa, era Lucas. Se puso la remera nueva que había comprado y salió directamente a la playa… Las conspiraciones habían actuado una vez más a favor del amor de su vida.
Después de una última semana en Brasil en donde a Anna el amor de Lucas la tuvo ocupada las 24 horas de cada uno de los días, los Van der Veen volvieron a su hogar y se encontraron con una sorpresa: nuevos vecinos.
Al bajar del auto, Anna vio a una chica un par de años más pequeña que ella, de mediana estatura y el pelo castaño claro. Estaba bajando unas cajas de la parte trasera de una camioneta gris. Llevaba puestos unos jeans gastados y una musculosa negra con la inscripción “Say no more” en la parte de adelante. Cuando la vio girar para empezar a caminar hacia su nueva casa, una pequeña rasta se asomó sobre su cabello atado. A Anna le gustó eso.
- ¡Anna! ¿Querés ayudarnos a bajar las cosas?
La voz de su mamá la hizo volver en sí. Sentía curiosidad por su vecina nueva.
- Voy ma.
En su casa había olor a encierro. Se apresuró a acomodar unas cosas de la cocina y subió corriendo las escaleras hacia su cuarto. Extrañaba mucho su cama… Abrió las ventanas y respiró aire puro; a pesar de que sus vacaciones habían terminado, era bueno estar en casa. Qué lindo era pensar en la vuelta de Lucas en unos días para invitarlo a su casa y contarles a sus padres que estaban juntos de nuevo. Ya lo estaba extrañando y tan solo había pasado un día de su despedida. El tiempo que quedara hasta que él regrese iba a ser duro…
Acomodó su ropa y guardó la valija. Encendió su notebook y puso un poco de música para relajarse y descansar después de semejante viaje. Ya casi estaba dormida cuando empezó a escuchar un tema de Los Redonditos de Ricota que sonaba con toda. Subió un poco los parlantes y se asomó en la ventana para ver de dónde provenía. En frente estaba ella, su nueva vecina, abriendo la ventana de su cuarto. Anna pudo sentir cómo las ondas sonoras viajaban por el aire hasta llegar a ella para provocarle una constante vibración en la panza.
 ¿Qué onda con la piba esta? Yo puse música primero. Este es mi barrio.
La chica nueva se percató que la estaba observando y giró (con una ligera intención de provocarla) el volumen hacia la derecha. Luego sonrió con satisfacción y se puso a cantar. Anna la imitó. La chica nueva volvió a repetir la acción e inmediatamente el tema de Gotye de Anna se escuchó como apenas un murmullo, aplastado por el sonido inconfundible de la voz del Indio Solari.
Ah no, no lo puedo creer. ¿Apenas hará un día que está instalada y ya se cree dueña del mundo? A esta pendeja hay que frenarle el carro.
La chica nueva la miraba con expresión desafiante, como si no le temiera a nada. Anna estaba enfurecida… Asomó la mitad de su cuerpo por la ventana y le gritó:
- ¿Qué haces? ¿No ves que estoy intentando escuchar música tranquila?
- Mm, la verdad es que no lo veo. Ni tampoco lo escucho, ¿en serio sale algún tipo de sonido de esos parlantitos?
Me está cargando. ¿QUIÉN-SE-CREE-QUE-ES?
- ¿Pero quién sos nena?
- ¿Qué te importa? Y yo no soy ninguna nena. Vieja.
¿Vieja? Ah no… esto se le está yendo de las manos. La voy a matar.

TO BE CONTINUED


miércoles, 2 de enero de 2013

Duro es aceptarlo

¿Cómo resumir el 2012 en una entrada de Blog?
Hoy es 2 de enero. Oficialmente se terminó todo. Cuando hicimos la fiesta de la primavera me acuerdo que pensábamos en que nos quedaba mucho todavía. Cuando hicimos el apertura y pasamos por la semana de la cultura, nos quedaban fechas importantes. El festival de teatro. Después del fogón, el acto. Después del acto, la fiesta. "Después de Bariloche no nos queda nada más", pero sí... Navidad. Año nuevo. 
Todo el año, desde que lo empecé con un par de lagrimas de felicidad porque imaginaba lo que se venía el 1 de enero a las 00 horas, fue hermoso. Todo. Y ya se terminó.


Deja de escribir. Se muerde el labio inferior. Lagrimea.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

1500

Por mi mente, mil quinientas cosas que pasean cual centro turístico fuera, mil quinientas cosas que no me dejan concentrarme en otras cosas que tal vez precisen más atención, mil quinientas cosas que espero destapar y que, en general, hablan de vos.


Hace varios días que planifico la pérdida oficial de mi orgullo. Espero que la valentía que tengo para volverme sola a casa me acompañe en la explicativa dicción de lo que me pasa.

lunes, 3 de diciembre de 2012

A love story PARTE XVI

- ¡Anna!
Que mal se siente ésto. Un Gonzalo totalmente infundido de amor esperándola con las más lindas orquídeas (favoritas de Anna, por supuesto) y luego cruzando la sala de recepción con una impaciente ternura para rodearla con sus brazos. Una Anna totalmente desequilibrada y perpleja, distante, sumida en sus más remotos pensamientos, sintiéndose como un oso de peluche abrazado por una niña pequeña antes de dormir. El corazón le iba a mil. El sueño de recién no dejaba de darle vueltas por la cabeza. No comprendía qué debía hacer, cómo debía solucionar las cosas, cómo afrontar la situación.
- Hola Gonzi.
- ¡Hola mi amor! Y pensar que todo esto debía ser una sorpresa... Por dios, estoy enamorado de este lugar. Durante el camino estaba re nervioso, no sé, después de once días sin verte es lo más lindo que me puede pasar encontrarme con vos otra vez. ¿Cómo estás? ¡Tenes que contarme todo lo de estos días! Allá sigue todo ig... BLA-BLA-BLA
No, por favor. Anna, concentrate. Te está hablando. No ignores. Enfrentá. No hagas como si no pasara nada, como siempre. ¿Once días sin vernos? ¿Qué significa no extrañarlo ni un poquito? 
- Y cuando nos juntamos de Lucía para después ir a la fiesta del club no pasaron ni dos minutos que ya todos estabamos mal, fue re divertido, el problema fue que después cayeron sus viejos y empez...
Ahora que lo tengo cerca está igual que siempre... Que lindo es. Siempre voy a amar su lunar. Un momento... ¿qué?
- ...pero Martín lo arregló! Si no la iban a matar, ¿viste que siempre nos salva?
Si tan sólo pudiese saber qué es lo que me pasa con él...
- Anni, ¿pasa algo?
Sí, jamás deberías haber venido.
- ¡No! ¿Que va a pasar? De verdad todo esto me sorprende, no sé que decirte.
- ¡Era la intención! Estoy re feliz de volver a verte, te extrañe tanto...
Le dio las flores y la tomó de las manos. Su cara se fue acercando poco a poco. Anna podía verlo, podía saber todo lo que él sentía por ella, podía ver a su corazón saliendose de su pecho, listo para encontrarse con el suyo. Pero... ¿es que su corazón estaba ahí? ¿Realmente sería capaz de unirse con el corazón de Gonzalo? Su cabeza no dejaba de maquinar. Se sentía horriblemente mal, no podía hacerle esto a Gonzalo, no podía hacerle esto a Lucas, no podía hacerse esto ella misma. ¿Dónde quedó aquella niña que era capaz de controlar sus sentimientos a donde quiera que fuese?
Tal vez ese era el secreto. Tal vez estaba próxima a entender el amor. El amor entonces sería lo que provoca ese descontrol sentimental, que hace que no comprendamos qué nos pasa, qué hacer con lo que pasa, qué clase de personas elegimos para siempre.
No notó el momento en que se besaron. Incluso durante todo el tiempo que estuvo reflexionando lo estaban haciendo. Cuando tomó conciencia de ello fue como si de repente la hubieran bañado a baldazos de agua helada... Era como no hacer nada. No sentir nada es como no hacer nada.
- Te pasa algo a vos.
- Es que... No sé.
- Podes contarme, Anni, quiero saber.
YA NO TE QUIERO MÁS. ACABO DE DARTE UN BESO SIN SENTIR ABSOLUTAMENTE NADA, ¿ESTÁ BIEN?
- Es que... No estoy preparada.
- ¿Preparada para qué? Anna, ¿a caso no somos novios?
Anna. Suena como una daga en mi corazón. Suena a Julieta. El sueño. Muerte.
- Mira Gonzi, durante estos días que no estuve con vos me estuve sintiendo un poco rara, como si...
Como si no te extrañara.
- ¿Cómo si que?
- Como que no sentía tanta necesidad de verte.
- ¿Pero cómo?
Dale, decilo. Vamos.
- Como si no te extrañara Gonzi. Así.
- Esperá... Osea que acabo de hacer miles de kilómetros por vos, para verte a vos, para estar con vos, ¿y no sos capaz de siquiera recibirme cómo lo merezco?
- ¿Recibirte como lo mereces? ¿Qué es eso? ¿Resulta que MERECES que te reciba de alguna manera especial por lo que hiciste? ¿Ahora yo no puedo decirte lo que siento? 
- Anna, ¡no entendés! Tuviste el tiempo necesario para decirme: "No Gonzi, mirá, no me parece que vengas porque la verdad soy una estúpida que no sabe lo que quiere"
La chica de recepción estaba empezando a mirar con preocupación a causa del aumento del tono de voz de ambos.
- ¡Pero cómo querés que te diga eso! ¡Si nunca sos capaz de escucharme, siempre hablas y hablas y nunca me das espacio para que diga nada! Sos vos el estúpido, Gonzalo.
- ¿Vos te das cuenta lo que estás haciendo? ¿Qué le digo ahora a mis tíos, que se aseguraron de invitarme porque se cansaron de verme triste por extrañarte?
- ¿Pretendés que vaya a explicarles que no tengo mas ganas de estar con vos? Y lo que estoy haciendo es algo que no puedo controlar porque lo estoy sintiendo, ¿entendés? ¡No puedo manejarlo, no puedo determinar nada!
- ¿Así que es eso? ¿No tenes mas ganas de estar conmigo?
- ¡Tampoco es así!
- Es lo que acabo de escucharte decir...
- ¿Por qué sos tan necio? Escuchas lo que vos querés.
- Te acabo de escuchar Anna. Dejá de ponerte a la defensiva.
- ¿Sabés qué? Es verdad.
- ¿Ves que es mejor admitir las cosas?
- Si, es lo mejor. ¿Sabés otra cosa?
- ¿Qué? ¿Qué mas tenes para decirme?
- YA NO TE QUIERO MÁS. ACABO DE DARTE UN BESO SIN SENTIR ABSOLUTAMENTE NADA, ¿ESTÁ BIEN?
Pum. Pum pum pum pum pum. ¡Pum! ¡No podía decírselo de esa manera!
Sólo se oían sus respiraciones agitadas. La recepcionista ya había dejado de simular que no los veía ni escuchaba. Una familia que dormía en el mismo piso que los Van Der Veen los miraba con curiosidad. Las últimas palabras de Anna quedaron resonando en toda la sala, y el silencio sepulcral se vio interrumpido con la caída del ramo de orquídeas fucsias. Los ojos de Gonzalo se llenaron de lágrimas, mientras miraban incomprendidos a los ojos tristes de Anna.
- Entonces oficialmente todo se termina acá.
- Espera, Gonzalo, no quise decirte eso. Yo...
- Ya está.
- Pero dejame que te explique...
- Chau Anna. Nos vemos.
Esos segundos que tardó en desaparecer la imagen de Gonzalo fueron eternos. Cuando dejó de verlo, subió las escaleras con extrema lentitud. Cada paso que daba le provocaba un inminente cansancio. Se sentía la peor persona en todo el mundo.
TO BE CONTINUED